Miguel Ángel Sosa Higuera (España 1974-2011) |
Autor de los libros de cuentos "Jodedumbre humana" y "Me tiene usted hasta los cojones y otros relatos", de la novela "A tumba abierta", del dietario "Estado civil: extraterrestre" y de los poemarios "Las gaviotas de Dublín", "Las hogueras del vino", Como un stradivarius en la nieve", "Mientras la noche se puebla de alambradas", "Esto no es poesía ni puta la falta que le hace a la madre que te parió" y "Canciones y sonetos".
Blog personal:
http://lucesclandestinas.blogspot.com
Cuando un escritor
parte y nos deja siendo tan joven, nos queda la íntima desazón no sólo por su
ausencia sino por todo el fruto de su talento y su Arte, que el mundo no tendrá el placer de disfrutar. También nos queda la certeza que su espíritu flota entre sus letras,
especialmente cuando alguien como este brillante joven, entregaba su vida en
cada texto que escribía. Fue conocido en la comunidad artística de las redes
sociales, especialmente Facebook, donde tuve el privilegio de leer sus obras y
notar el resplandor de su inteligencia y su inspiración. Por ello, he rescatado
algunos de sus escritos y los presento a quien desee unirse a este sencillo
homenaje que realizo con la honda convicción que Miguel Angel Sosa Higuera es y
seguirá siendo una luminaria de las letras.
Su estilo extravagante y descarnado, matizado por la ironía producto del
desencanto que su aguda visión del mundo le proporcionada, era un tormento del
cual no podía abstraerse. Preso de un hondo e irreversible idealismo,
reaccionaba frente a la injusticia de cualquier índole y tal vez, sus estrategias para sobrellevar el dolor humano hayan sido sus formas
desprejuiciadas de expresión, que deben interpretarse como un modo particular
de enfrentar la oscuridad de un sistema que le resultaba intolerable y que
combatía con el poder de la Palabra. Un escritor singular, que entrelíneas nos deja ver la trasparencia de su alma, la locuacidad de su verbo que
no se rendía jamás frente a la impunidad. Habrá que tolerarle sus osadías
porque la verdad se viste de los ropajes menos convencionales,
sólo para que sepamos que no está encerrada en un pensamiento único, ni es una
única forma de expresión.
Mi amigo Miguel Angel Sosa Higuera, desde algún
lugar seguirá inspirando a tantos y sólo espero que le provean de su copa de
Jack Daniels o de alguna otra ambrosía celestial mucho mejor que aquellas que lo acompañaban en
sus madrugadas de prodigiosa inspiración.
Mi saludo, mi admiración y mi abrazo,
Miguel Angel Sosa Higuera, y que muchos puedan leerte hasta el fin de los
tiempos.
Nota. El dejó varios
textos en www.scribd.com que se pueden leer online o bajarlos
gratuitamente. El material aquí publicado es público en Facebook y además he pedido la autorización de su hermana para subirlo a mi blog. Muchas gracias a Natalia Higuera.
Tambien se pueden visitar los blogs del poeta
IDILIO EN EL CONDADO DE CLARE
This is the sadness of the sea
-WILLIAM CARLOS WILLIAMS-
En la luz ancestral, en roca viva,
bajo el plomo feraz del horizonte
donde se alza una torre desolada
y anidan las gaviotas, donde el viento
impone sus arpegios de metralla filosa
y el mar escupe algún que otro esqueleto
entre algas de sombra,
en el amanecer de nieve y sangre
sobre el bosque dormido,
con un sol ofuscado por el acero blando
y errante de las nubes, en el amanecer
gorjeante de frondas y rocío,
en la niebla y los ecos del silencio,
en la ceniza lenta de la aurora,
en la plata versátil del insomnio,
en el fuego como un interrogante
se pasean mis manos por tu cuerpo,
territorio de luz reconcentrada, se deslizan
mis dedos por tus nalgas sonrientes,
tu entrepierna de helechos empapados,
por la curva feroz de tu cintura,
por tu pechos de vid inacabable,
mientras lentas se abren las rosas del océano.
¿No eres acaso hija de la niebla,
no estás hecha de lluvia en soledad
sobre los prados verdes que derrotan
en los negros guijarros de la playa,
donde restos de botes destrozados
sumisos al embate de las olas
muestran su pedrería de moluscos y algas?
Ninfa rubia de los acantilados,
misterio de esmeraldas sonrientes,
dame tus pies menudos y tu boca,
déjame derramarme hasta el delirio
mientras crepita el fuego en el hogar
en tu vientre desnudo, bésame
mientras la fusta del placer me azota
con relámpagos mudos de lujuria,
concédeme la gracia de tus labios
mientras el viento aúlla en los brezales,
mientras los ruiseñores enmudecen,
mientras el mundo arde sin mesura,
hija de Irlanda lluviosa y agreste;
concédele la gracia de tus besos
a este hijo del sur enamorado
mientras allá en la playa solitaria,
crepitantes de sal y de tiniebla,
se consumen las rosas del océano.
This is the sadness of the sea
-WILLIAM CARLOS WILLIAMS-
En la luz ancestral, en roca viva,
bajo el plomo feraz del horizonte
donde se alza una torre desolada
y anidan las gaviotas, donde el viento
impone sus arpegios de metralla filosa
y el mar escupe algún que otro esqueleto
entre algas de sombra,
en el amanecer de nieve y sangre
sobre el bosque dormido,
con un sol ofuscado por el acero blando
y errante de las nubes, en el amanecer
gorjeante de frondas y rocío,
en la niebla y los ecos del silencio,
en la ceniza lenta de la aurora,
en la plata versátil del insomnio,
en el fuego como un interrogante
se pasean mis manos por tu cuerpo,
territorio de luz reconcentrada, se deslizan
mis dedos por tus nalgas sonrientes,
tu entrepierna de helechos empapados,
por la curva feroz de tu cintura,
por tu pechos de vid inacabable,
mientras lentas se abren las rosas del océano.
¿No eres acaso hija de la niebla,
no estás hecha de lluvia en soledad
sobre los prados verdes que derrotan
en los negros guijarros de la playa,
donde restos de botes destrozados
sumisos al embate de las olas
muestran su pedrería de moluscos y algas?
Ninfa rubia de los acantilados,
misterio de esmeraldas sonrientes,
dame tus pies menudos y tu boca,
déjame derramarme hasta el delirio
mientras crepita el fuego en el hogar
en tu vientre desnudo, bésame
mientras la fusta del placer me azota
con relámpagos mudos de lujuria,
concédeme la gracia de tus labios
mientras el viento aúlla en los brezales,
mientras los ruiseñores enmudecen,
mientras el mundo arde sin mesura,
hija de Irlanda lluviosa y agreste;
concédele la gracia de tus besos
a este hijo del sur enamorado
mientras allá en la playa solitaria,
crepitantes de sal y de tiniebla,
se consumen las rosas del océano.
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TAN LEJOS DE TODO
In memoriam Brendan Behan
Crepúsculos de sangre y plata huidiza, lentos fuegos,
bosques de violines encendidos,
venas llenas de niebla, alguien que canta
una vieja balada de amor
en gaélico, marineros muertos
en una noche de olas y relámpagos
y mujeres que esperan
en oscuras escolleras
donde rompe el Atlántico
con la piedad meticulosa
de los hijos de puta. Suenan flautas,
guitarras, un bodhrán.
Los hijos de Inismór
comparten los primeros
tragos de whisky, afuera
la lluvia tabalea
en su secreto idioma de húmedas soledades
por callejas de piedra.
El fuego de la chimenea
arranca oro del oro líquido de mi vaso.
Una camarera me sonríe.
Estoy tan lejos de casa
que nunca me he sentido más en casa
que aquí, entre estas gentes
rudas, parsimoniosas, amables
y capaces también
de ataques de furia tan sinceros
como los del Atlántico.
Es el confín occidental de Europa,
el confín de mí mismo, un viaje
que debí emprender hace
mucho tiempo. Las Islas Aran.
Aquí es donde un hombre
toma la medida de su soledad,
cara al viento que azota el rostro
en un estallido, una miríada
de rocío salvaje, de espuma marina
traída por un aire
como no he vuelto a sentir
en mi vida, afilado,
puro como un cuchillo, reluciente
como escamas de salmón fresco.
El viento canta en los brezales y turberas.
La costa de Connemara,
ribeteada de colinas verdes
más allá de la bahía de Galway
se pierde entre la bruma.
Aquí
un hombre se halla al filo
de sí mismo, al borde
de todos sus acantilados
interiores. Muy lejos
del omnipresente sol de la memez
que impera en el país de catetos crispados
del que provengo
y en cuya lengua escribo
sobre la vieja madera oscura
de esta mesa, acompañado
por las miradas curiosas
de los lugareños
y la sonrisa rubia de las camareras.
Podría ser feliz aquí,
como un marino errante.
No soy dado a nostalgias de ningún sur lejano
y siempre me he sentido como en casa
dentro de mi piel, con un
whisky al alcance de la mano, sin familia,
con la madera crepitante en la chimenea cercana
como una tumultuosa flor de fuego
en mi corazón, ya más cansado que perplejo.
Hace mucho que perdí
-como perdí la juventud-
a quien pudo ser el amor de mi vida.
Mis pasos me han llevado
mucho más lejos de lo que planeé.
Mucho más allá
de las lágrimas.
Recuerdos entrañables
volando como chispas, como humo,
por el cañón de la chimenea
y afuera sopla un viento que se lo lleva todo
en un turbión de niebla y lluvia amarga.
El gaélico suena tan dulce y cadencioso
como una flauta perdida en la espesura. Hay
aplausos
cuando el cantante de mediana edad
que sostiene una jarra de stout
en la mano
da las gracias y se sienta
en la barra. Why don´t you
join us?,
me preguntan desde una mesa
cercana.
Está cayendo la noche sobre la isla,
hay unos ojos verdes como un bosque de Kerry
que me miran sonrientes, plácidos,
puros como esmeraldas,
y de pronto me invade la emoción
nítida como una ola en una noche de relámpagos
y océanos tormentosos
del hombre al que le ofrecen, solitario en un rincón
del pub,
la pura lumbre de la compañía humana
hombres que saben
lo que es estar lejos de su tierra,
en la amargura del exilio o la persecución
o el hambre que fuerza a buscar
nuevos, remotos horizontes.
Todos mis exilios son más bien interiores.
Pero sonrío, me levanto,
me uno a ellos, pido
una ronda para todos
y brindo a la salud
de los recios hijos de Irlanda
con una rosa de fuego en el corazón,
con una rosa de hielo en el corazón,
con una rosa de lágrimas
en el corazón.
Islas Aran, agosto de 2007
In memoriam Brendan Behan
Crepúsculos de sangre y plata huidiza, lentos fuegos,
bosques de violines encendidos,
venas llenas de niebla, alguien que canta
una vieja balada de amor
en gaélico, marineros muertos
en una noche de olas y relámpagos
y mujeres que esperan
en oscuras escolleras
donde rompe el Atlántico
con la piedad meticulosa
de los hijos de puta. Suenan flautas,
guitarras, un bodhrán.
Los hijos de Inismór
comparten los primeros
tragos de whisky, afuera
la lluvia tabalea
en su secreto idioma de húmedas soledades
por callejas de piedra.
El fuego de la chimenea
arranca oro del oro líquido de mi vaso.
Una camarera me sonríe.
Estoy tan lejos de casa
que nunca me he sentido más en casa
que aquí, entre estas gentes
rudas, parsimoniosas, amables
y capaces también
de ataques de furia tan sinceros
como los del Atlántico.
Es el confín occidental de Europa,
el confín de mí mismo, un viaje
que debí emprender hace
mucho tiempo. Las Islas Aran.
Aquí es donde un hombre
toma la medida de su soledad,
cara al viento que azota el rostro
en un estallido, una miríada
de rocío salvaje, de espuma marina
traída por un aire
como no he vuelto a sentir
en mi vida, afilado,
puro como un cuchillo, reluciente
como escamas de salmón fresco.
El viento canta en los brezales y turberas.
La costa de Connemara,
ribeteada de colinas verdes
más allá de la bahía de Galway
se pierde entre la bruma.
Aquí
un hombre se halla al filo
de sí mismo, al borde
de todos sus acantilados
interiores. Muy lejos
del omnipresente sol de la memez
que impera en el país de catetos crispados
del que provengo
y en cuya lengua escribo
sobre la vieja madera oscura
de esta mesa, acompañado
por las miradas curiosas
de los lugareños
y la sonrisa rubia de las camareras.
Podría ser feliz aquí,
como un marino errante.
No soy dado a nostalgias de ningún sur lejano
y siempre me he sentido como en casa
dentro de mi piel, con un
whisky al alcance de la mano, sin familia,
con la madera crepitante en la chimenea cercana
como una tumultuosa flor de fuego
en mi corazón, ya más cansado que perplejo.
Hace mucho que perdí
-como perdí la juventud-
a quien pudo ser el amor de mi vida.
Mis pasos me han llevado
mucho más lejos de lo que planeé.
Mucho más allá
de las lágrimas.
Recuerdos entrañables
volando como chispas, como humo,
por el cañón de la chimenea
y afuera sopla un viento que se lo lleva todo
en un turbión de niebla y lluvia amarga.
El gaélico suena tan dulce y cadencioso
como una flauta perdida en la espesura. Hay
aplausos
cuando el cantante de mediana edad
que sostiene una jarra de stout
en la mano
da las gracias y se sienta
en la barra. Why don´t you
join us?,
me preguntan desde una mesa
cercana.
Está cayendo la noche sobre la isla,
hay unos ojos verdes como un bosque de Kerry
que me miran sonrientes, plácidos,
puros como esmeraldas,
y de pronto me invade la emoción
nítida como una ola en una noche de relámpagos
y océanos tormentosos
del hombre al que le ofrecen, solitario en un rincón
del pub,
la pura lumbre de la compañía humana
hombres que saben
lo que es estar lejos de su tierra,
en la amargura del exilio o la persecución
o el hambre que fuerza a buscar
nuevos, remotos horizontes.
Todos mis exilios son más bien interiores.
Pero sonrío, me levanto,
me uno a ellos, pido
una ronda para todos
y brindo a la salud
de los recios hijos de Irlanda
con una rosa de fuego en el corazón,
con una rosa de hielo en el corazón,
con una rosa de lágrimas
en el corazón.
Islas Aran, agosto de 2007
·
·
As Pérez Estimado
Miguel Ángel:
Fuiste el primero en participar en el concurso en este grupo y cuando me acerqué a tu muro, aún abierto, me di cuenta de que ya no te encontrabas entre nosotros
Allá donde estés, espero que la paz y el amor reine para siempre en ti. Nos dejas tu recuerdo y muestra de tu pasión por la poesía.
Descansa en paz poeta...
Fuiste el primero en participar en el concurso en este grupo y cuando me acerqué a tu muro, aún abierto, me di cuenta de que ya no te encontrabas entre nosotros
Allá donde estés, espero que la paz y el amor reine para siempre en ti. Nos dejas tu recuerdo y muestra de tu pasión por la poesía.
Descansa en paz poeta...
Invictus
Más allá de
la noche que me cubre
negra como
el abismo insondable,
doy gracias
a los dioses que pudieran existir
por mi alma
invicta.
En las
azarosas garras de las circunstancias
nunca me he
lamentado ni he pestañeado.
Sometido a
los golpes del destino
mi cabeza
está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de
este lugar de cólera y lágrimas
donde yace
el Horror de la Sombra,
la amenaza
de los años
me
encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa
cuán estrecho sea el portal,
cuán
cargada de castigos la sentencia,
soy el amo
de mi destino:
soy el
capitán de mi alma.
Poeta del carajo
La realidad me toca los
Cojones,
se acaba el Vino y no tengo
Trabajo
y mis Cuernos atraen los
Nubarrones,
pero soy un Poeta del
Carajo.
En estos tiempos huérfanos
de aurora
hay que atracar los bancos a
destajo
y quemar las banderas del
ahora
para ser un Poeta del
Carajo.
Pagar sólo a las Putas,
nunca Impuestos,
y en buen Vino y Yantar
pulirse el fajo;
ni los Miuras tienen tantos
arrestos
cuando eres un Poeta del
Carajo.
Pues me suda la Polla que me
entierren
-lo mismo que este mundo
Cruel y Zafio-
con
Quevedo, Bukowski, Yeats o Shakespeare,
quisiera rubricar como
Epitafio:
la Realidad me toca los
Cojones,
se acabó el Vino y se acabó
el Trabajo;
ahí os quedáis, pandilla de
Cabrones
-en un corte de mangas
lleváis mis Bendiciones-:
AQUÍ YACE UN POETA DEL
CARAJO.
………………………….
Bebo por cada cana de mi
barba
y por los campos nevados que
me acecharán
cualquier día,
sin la dulzura de una piel
o de una página
donde refugiarme.
…………………………..
O
my Antonio, I do know of these
That
therefore only are reputed wise
For
saying nothing
Oh Sí las obras completas
del ilustrísimo vate
con diez mil premios
nacionales
provinciales universales El
ilustrísimo
vate
de lengua desgastada
por el oficio paralelo
de lamer los culos llave
de la gloria literaria Oh sí
las obras completas del
ilustrísimo
homo pollastronis
habitante de su eburnea
turris
adosada en las afueras
o de la profesora de
instituto
o periodista del corazón
escribidora de sonetos
a su hombre idealísimo Oh sí
las obras completas
de tanto maestro
pelacebollas
de sublimes realidades
con talón al portador
adoradores del gorgojo
lírico
y de la iglesia feraz de la
palabra
ejercitada en libertad Oh sí
las obras completas
de tanto mamarracho patrio o
extranjero
glosadas por tremenda legión
de piojos
exégetas y aplicados
soplapollas
a la luz de puticlub del
Canon Sagrado
para toda la eternidad Oh sí
tanto lírico río de diarreas
y cosmoagonías
verbales mentales
sentimentales
a la luz de las arañas
de los ateneos (y tanta flor
natural
de marihuana
suelta por ahí) Oh
inmortales
luminarias
Y yo
con estos
pelos
…………………………………………
LAS
VIEJAS CEREMONIAS
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at 10:33pm
A
new skin for the old ceremony
LEONARD COHEN
Siguen ardiendo las viejas
palabras
en la tiniebla helada
del mundo/ descompuesto
pieza a pieza/ con devoción
insomne
por las necias manos
cadavéricas
de un puñado de hijos de
puta
que avergonzarían a sus
madres.
El sol sólo desvela un
escenario
con la luz fatigada de unos
ojos
que han visto demasiado,
y profetizan
la mañana tiene dientes
afilados
ya no hay ríos que arrastren
tanta sangre
y la música es un juguete
roto,
mi amor/ la música
es un juguete roto
y los besos de niebla que me
brindas
-ya no hay ríos.
saben a escarcha verde
o a pantano. La música, mi
amor,
es un niño de lluvia
junto a un cauce de sombras
-ya no hay río-
y el vino se ha adensado
en hiel compacta
y el muro se alza lento/
piedra a piedra
y cada piedra es una cabeza
humana
un torso, extremidades
putrefactas, la música
es un grito velado
en el fondo de un pozo/
hogueras
mínimas
las palabras
el miedo
mi amor/ el miedo
ahora que no hay ríos
que arrastren tanta sangre
y la niebla/ los besos
hediondos
la música rota
de un grimoso espejismo de
tinieblas.
…………………………………………………………………….
Apreciemos, sin vértigo, la
extensión de mi inocencia.
-ARTHUR
RIMBAUD-
In
memoriam Antonin Artaud
Con sus paredes húmedas de
llanto
sus pensiones con olor a
acelga retestinada
donde se suicida una puta
heroinómana cada noche
y un ladrón cuenta con manos
temblorosas y manchadas de sangre
los billetes
con sus farolas temulentas
alumbrando aceras desiertas
mientras pasan los coches
los coches
los coches
la locura
Con sus titulares cansinos
de cada mañana
sus páginas de sucesos
repetitivos
su náusea de anuncios
clasificados como calles sin salida
sus botellas vacías rodando
bajo camas desechas
sus telarañas en las
esquinas
sus neones de la muerte
sus neones de la muerte
sus neones de la muerte
la locura
Con sus violines de tiniebla
irredenta
su cielo sarcástico
enguirnaldado de estelas
sus condones usados tirados
entre las rosas
su lluvia cayendo en lentos
arpegios sobre la fronda
su gato tuerto en el tejado
sus mareas depositando en la
playa cadáveres de bebés
cadáveres de bebés
cadáveres de bebés
la locura
Con sus ojos vacíos
su sonrisa extraterrestre y
sin embargo
su cortejo fúnebre con
plumas negras
su herencia de desastres
iterativos
su desparpajo de proxeneta
borracha hasta las cejas
su cara de taxista con
úlcera de estómago
sus periódicos amarillentos
como el sol de la fatiga
su cancioncilla
su cancioncilla
su cancioncilla
la
locura
Con su calva de político
pederasta
su oración del inocente
encerrado en la cárcel
su caterva de jueces
masticadores de carne putrefacta
su panoplia de banqueros
rezadores puteros asesinos
su página web de la memez
más irreductible
su boxeador en el alambre
haciendo sombra bajo las estrellas
su guerra cotidiana por un
chusco de pan en los albergues
su fajo de billetes de
quinientos en manos del obispo
con su sartén quemada
con su sartén quemada
con su sartén quemada
la
locura.
…………………………………………………
A
broken bundle of mirrors
EZRA
POUND
Tengo hasta la esperanza
de que cabezas como las que
vienen
no podrán ni imaginarme
JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
Qué quedará de tí
cuando la lozanía se
marchite
en espejos testigos de
ceniza,
cuando bajo las bóvedas del
tiempo
sólo quede la luz de la
memoria
como un viento insidioso,
como el incendio frío de tus
huellas.
Cuando el mañana sea una
catedral de hielo
poblada de oficiantes
con la casulla de la necedad
entre estatuas decapitadas y
legajos
drapeados de sílabas de luz
pretérita,
abrevaderos de sangre,
solaz de los vampiros.
Cuando ninguna mujer tolere
tus gracias, tus ebriedades
líricas,
ni una página escrita con la
tripas
que no sea rentable a fin de
mes.
Cuando el sexo sea una playa
bajo la tormenta
en una isla de Escocia,
como leer la Biblia con
resaca
o plantar marihuana entre la
nieve.
Cuando toda belleza sea ya
humo,
el humo del tabaco del
insomnio,
el humo de los días que se
fueron,
el humo de los años que te
queden
arrastrándote
por las calles sin alma de
un presente
cincelado en la piedra más
obtusa.
Qué quedará de tí
cuando toda poesía sea un
calvo adefesio
y el dinero se convierta
en la única hoguera donde
arder,
si es que antes no escoges
esa espinosa senda del morir
matando,
trizando entre tus dedos
un puñado de espejos
y escupiendo al destino en
su cara de idiota.
Una úlcera crónica con viejo
contando batallitas
en mitad de una calle
poblada de fantasmas
mientras se abren las flores
del invierno.
Una lápida anónima, un soplo
sobre el rocío escarchado
en la hierba salvaje del
futuro.
Un legado de lágrimas de
aire.
Una nada entre nadas en la
niebla.
Westport, Irlanda
Septiembre de 2007
………………………………………………..
Su narrativa
MEMORIAS DE UN CAMARERO
CABREADO (fragmento II)
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at 9:54pm
Los buenos de la película,
los justos, los cabales, los ortodoxamente bondadosos en La Puebla de Los
Infantes eran los que nos traían ollas de potaje, ollas de arroz, ollas de sopa
de fideos, ollas de estofado, ollas de macarrones o spaghetti, nuestra vecina
Eusebia, mi tía Inés o mi tía Juana, ollas, siempre ollas de comida que
devorábamos con fruición o con una indiferencia casi profiláctica, según el
día, el grado de resaca, mala leche, depresión, frustración o epifanía
literaria, en mi caso, mientras pasaban los días y las semanas y el polvo se
acumulaba sobre muebles y fotografías y crecía el jazminero del patio, denso de
perfumes y avispas. Fue una época que mi padre se pasó acostado, en la sombra
un tanto rancia, olorosa a tabaco frío y ceniza, de su dormitorio, amueblado
con los restos de aquel naufragio matrimonial del que hoy en día quedan dos
robinsones, escritor y socióloga respectivamente. Terminados los fastos o ruina
total de aquella catetada modelna conocida como Expo 92, se había quedado sin
trabajo, sin sueldazo como director del Pabellón Tierras de Jerez, donde había
metido a trabajar a medio pueblo, mientras en la confortable mediocridad
penumbrosa de su tienda de textiles su hermana Inés, que era algo así como la
Santa Teresa desgualdrajada y neurótica de la familia, pontificaba acerca de
las consecuencias de vivir en pecado, pecado que en nuestro caso era una pereza
descomunal aliñada con tendencias más que manifiestas a la vida disipada, según
ella. Yo tenía novia -aunque fuese a distancia- y ninguna intención de casarme
con ella y además follaba, o había follado, como un descosido, y encima no
estudiaba, no trabajaba, no iba a misa y bebía whisky, pero ella me quería
mucho y por eso me sentaba a su mesa y me daba leche con galletas maría y
pastorales sobre la bondad del conservadurismo pueblerino. Mi primo Paco pasaba
muchísimo de todo, refugiado en el piso que tenían en Sevilla, estudiando Derecho,
pero volvía al redil todos los fines de semana, no como mi prima Lola, de la
que lo que más recuerdo era que gastaba una mala hostia del copón cuando se
inspiraba y cuya actividad predominante o vocacional era la búsqueda de novio
para toda la vida, que era lo que se llevaba a principios de los años noventa
del siglo xx en aquel pueblo que acabé por rebautizar, en un relato largo, como
Malamuerte de Los Infantes, pensando así en iniciar una saga faulkneriana o
antoniomuñozmolinesca o benetiana, aunque por aquella época yo todavía tenía a
medio leer a estos autores. Malamuerte de los Infantes: hubiera quedado incluso
bien en los carteles de las tres carreteras que salían del pueblo, la de Lora
del Río, la de Peñaflor y la de Las Navas de la Concepción. Porque
efectivamente vivíamos en circunstancias de mala muerte, solo que yo no era
consciente del todo o tenía la habilidad, esa habilidad que se pierde
indefectiblemente con los años, de evadirme en la literatura o en mis
conversaciones y salidas callejeras con mi amigo José Bravo, que era otro
pasota aficionado al vino y a la música pero sin el aura de escritorzuelo
ramplón que yo tenía, al decir del hermano de otro amigo, César Antonio Cuerda,
que me vaticinaba un futuro como hombre gris, como el de cualquiera, una vida
sin alicientes ni desafíos, rutinaria, en la que yo dejaría de escribir y
acabaría centrándome en ganarme la vida como cualquiera, es decir, en algún
trabajo de mierda mejor o peor pagado.
De César Antonio Cuerda se
decía que de niño, o de no tan niño, había intentado suicidarse colgándose de
una viga en el zaguán de la casa familiar después de que lo asaltaran
pensamientos insoportablemente torturadores acerca del infierno como
consecuencia del cuajarón de semen que había dejado sobre el careto de Ana
Obregón en una de las revistas favoritas de su madre, o algo así. Lo salvó su
padre, cabeza de familia notoriamente facha de una familia notablemente facha,
que lo descolgó, lo reanimó y acto seguido le dio una manta de hostias de las
que no se olvidan y lo encerró bajo llave en un trastero rebosante de telarañas
polvorientas y muebles carcomidos en vez de llevarlo a un psicólogo, que era lo
que en su opinión hubiera hecho cualquier progre de mierda. Rafael Cuerda veía
progres de mierda por todas partes. Los veía hasta follándose a su mujer,
Encarnación González, que tenía un punto de beatería sublimado en la figura del
Caudillo cuya fotografía presidía el salón de la casa junto a las de su padre,
que había llegado a teniente coronel de la Guardia Civil en glorioso año 22
después del Advenimiento del César Visionario, o sea, en 1961. Era una familia
rica para los estándares de La Puebla, socios del Casino, con cortijos, tierras
y Landrovers, amables en el trato cara a cara y auténticos desolladores a
espaldas de las víctimas de su afiladísima lengua, que le retiraban la palabra
a cualquiera que hiciese alusión a los espléndidos trapicheos del abuelo
guardia civil, quien además de funcionario de élite durante la época de Franco
había controlado no menos de media docena de burdeles de alto copete en sitios
como Sevilla, Málaga y Córdoba. De ahí venía buena parte de la fortuna
familiar, por no decir casi toda.
-Como salga un alcalde
socialista y mueva un solo dedo para meterle mano a mi patrimonio, juro por la
Virgen de las Huertas que cojo la escopeta y le pego un tiro- decían que había
dicho Rafael Cuerda una tarde en el Casino, copa de Fundador en mano y canana
en bandolera -venía de cazar venados- en los días previos a unas elecciones
municipales poco después de que UCD ganara las generales.
A sus hijos César y Luis los
había mandado a internados desde que apenas tenían uso de razón. Era partidario
de una educación entre medieval y espartana, o sea a hostia limpia y los
domingos a misa, y nada de colegios públicos donde sus hijos pudieran verse
perniciosamente influenciados por las ideas soviéticas de los profesores. Eran
primos de José Bravo, que no podía ser más opuesto a ellos con sus chupas de
cuero, sus cabellos alborotados de alborotador, su música heavy y punk y su
vocación defendida a dentelladas por la guitarra, que era, tal como él lo veía,
la mejor manera de largarse de aquel pueblo y poder ganarse la vida como
músico. Todos nos conocíamos desde pequeños, desde que mi madre renunció a nuestra
custodia a favor de mi padre para poder terminar su carrera de Historia
Medieval y encontrar un buen trabajo y pasamos a manos de mis abuelos Pilar y
Francisco y a vivir entre Sevilla y La Puebla de los Infantes. Luis, que era un
grandullón con cara de gorila, disfrutaba puteándome cada vez que me encontraba
con él por las calles del pueblo, quitándome la bicicleta amarilla de cross
Orbea que me había regalado mi padre con seis o siete años, levantándome en
vilo para hacerme cosquillas en los sobacos o haciéndome oler sus pedos hasta
que conseguía librarme de él y volvía a casa, donde me refugiaba en brazos de
mi abuela, que era la viva imagen de la bondad resignada pero que no se
arredraba en salir a la calle con una mantilla sobre los hombros para buscar a
mi atormentador incluso en su casa y exigir que me devolviese la bicicleta o
que viniese a pedirme perdón por haberse metido conmigo. Mi padre casi nunca
estaba, pero cuando estaba, el dinero fluía generosamente. Mi hermana aún era
demasiado pequeña, pero a mí nunca me faltaron salidas al cine, almuerzos o
cenas en restaurantes, juguetes, películas de dibujos animados en vídeo, tebeos
de Mortadelo y Filemón o de Tintín o de Astérix. Si quería algo, solo tenía que
pedirlo. Mi padre era la sombra generosa que planeaba sobre nuestras vidas. A
mí me contaban que trabajaba en un restaurante del que, además, era el dueño.
Yo recordaba el restaurante La Marmita, en Granada, en la calle Pedro Antonio
de Alarcón, frente al cual vivíamos antes de que mis padres se separaran,
cuando mi hermana tenía un año y era un moco que no paraba de llorar y nos
atendía una muchacha llamada Fidela de manos pecosas y frías que olían a ajo y
lejía y a la cual espero que la vida haya tratado bien. Me hubiera gustado
hablar con ella para saber, como solo una criada puede saber estas cosas, qué
coño era lo que realmente pasaba en aquella casa cuando mi madre y mi padre aún
estaban juntos; aún hoy en día, inevitablemente, hay demasiada niebla,
demasiadas conjeturas, demasiadas hipótesis, demasiadas versiones y pocos
hechos fehacientes que yo pueda recordar con claridad.
Y es que me gustaría saber
de dónde cojones provengo en realidad. Sin fisuras. Sin más versiones
interesadas de familiares a los que sencillamente no soporto y que no me
soportan y a los que no pienso invitar a la cena de gala de ese premio Planeta
que jamás ganaré. Seguro que si ganara el Planeta mi tía gloria, la misma que
durante la sobremesa posterior a la comida posterior al funeral de mi abuela
Eloísa me preguntó si había ido allí en busca de su dinero (¿cómo se puede ir a
buscar dinero a un funeral?), me llamaría para pedirme que invitara a la
familia.
Pues bien, tía Gloria: que
te invite a su funeral el presidente del Banco Central Europeo. A mí no vuelvas
a tocarme los cojones.
Una desolación de telarañas
y polvo y desidia, de fogones sucios y viejas fotos, de moscas y avispas en el
patio, de ronquidos de mi padre, que cuando no estaba fumando estaba durmiendo
y que cada vez que salía regresaba con una cara de abatimiento beodo que a mí
me parecía como el tótem de aquellos días en medio de la nada, la marca
registrada de la devastación. Yo leía a Thomas Mann, a Bulgákov, a Eduardo
Mendoza, a Roger Martin du gard, a Faulkner, a Tolstoy, apoltronado en uno de los
antediluvianos sillones de skai marrón, la máquina de escribir Olivetti Lettera
25 sobre el cristal de la mesa camilla junto a resmas de folios que menguaban,
y trataba de entender lo evidente; mi padre andaba tan jodido como todos los
que se habían quedado sin trabajo después de la deflagración final de la Gran
Catetada de la Expo 92, con la diferencia de que él no era hombre de ahorrar
dinero en previsión de malas rachas, como hacían muchos de sus paisanos. La
Puebla de los Infantes siempre ha sido un pueblo de emigrantes, sobre todo a
Menorca, camino del que mi padre había sido pionero en los años 60, o a
Barcelona, o a Valencia, o por ahí. El pueblo estaba lleno de hombres
derrotados, prematuramente envejecidos, que trasegaban vino, cerveza, ginebra,
whisky con cocacola en las barras de los cincuenta bares que jalonaban aquella
mínima geografía escalonada de paredes blancas. Cincuenta bares para una
población de tres mil quinientas personas, o sea un bar por cada setenta
habitantes de la Puebla, a grosso modo, desde el supuesto lujo menestral con
toque agropecuario del Casino -donde había revistas como el Hola o el Semana
para las señoras- hasta la cutrez casi entrañable del Bar Betis, tascón para
borrachos matutinos de aguardiente y vino blanco barato. El invierno en La
Puebla no daba para mucho más que para recoger aceituna, trabajar en la obra o
haciendo alguna chapuza, cobrar "peonadas" que no se habían trabajado
en realidad y pasarse las horas, vivas o muertas, en los bares. Pocas veces he
visto, ni siquiera en los documentales de National Geographic sobre la
Antártida, una desolación semejante a la de la biblioteca pública de aquel
pueblo. Ni siquiera había chavales estudiando. Yo tenía alucinado al
bibliotecario por la cantidad de libros que sacaba al cabo de la semana. El
hombre tenía el mejor trabajo del mundo, o al menos eso me parecía. La
biblioteca era pequeña, pero estaba bastante bien surtida. Abundaban las Obras
Completas, los Premios Nobel, los Goncourt, los Pulitzer, aquellos tochos adorables
que publicaba Aguilar y que aseguraban meses de pura delicia. El bibliotecario,
al que recuerdo bajito y adusto, tal vez melancólico, conocía a mi familia pero
no me conocía a mí. En cierta ocasión me preguntó si de verdad me leía enteros
aquellos libros o si solo estaba estudiando y los utilizaba para consultar algo
o hacer trabajos, como si yo fuera un universitario descolocado que estudiaba a
distancia, o algo así. Y creo que fue entonces cuando le contesté que leer
tanto formaba parte de mi trabajo de escritor. Era la primera vez que le decía
algo así a cualquier cosa parecida a un ser humano que me lo preguntaba.
Decirle a alguien que era escritor me solidificaba, me prestaba una entidad
concreta en medio de la nebulosa que era mi vida, aunque por aquella época
prácticamente lo único que escribía era poesía, que era por lo que me conocían
los cuatro gatos que me conocían, es decir, mis amigos y un par de familiares.
Yo ya había leído en Francisco Umbral aquello de que Balzac y Dostoyevski
escribían para pagar deudas. Eso es profesionalizarse y lo demás es
diletantismo. Y estaba plenamente de acuerdo, solo que llegaba a avergonzarme
de no cumplir con tal aserto. Aquella gloria mínima, de radio corto, que
suponía que el grupo de rock de mis amigos de Lanjarón, Mundo de vivos,
hubieran grabado una maqueta con dos letras mías, era en realidad todo lo que
tenía a mis espaldas a mis más o menos veinte años. Y a cambio, claro está, no
había obtenido dinero; copas infinitas en los bares de Lanjarón y Granada sí,
pero nada de dinero, como era lógico, puesto que todos eran estudiantes y
manejaban el mismo inexistente presupuesto que yo, aunque a mí siempre me
parecía que todos tenían más dinero. Yo vivía como siempre había vivido, al
socaire de mi padre, que de vez en cuando me daba lo que podía para que me
diese una vuelta por el pueblo, pero ya empezaba a incubar la idea de que
"era" una escritor profesional, si por profesión se entiende no lo
que uno hace para ganarse la vida, sino lo que uno hace, a secas. O mejor
dicho, lo único que uno hace o sabe hacer. Yo estaba todavía muy verde en casi
todas las suertes de varas de la vida. En realidad, yo todavía no tenía ni puta
idea de literatura ni de la vida ni del amor ni de nada. Todavía estaba dentro
del huevo, a salvo del mundo por la sencilla razón de que gente como mi padre,
ahora que vivía con mi padre, o mi madre, cuando cambiaba de tercio y me iba a
vivir con ella, se interponían entre mí y la realidad. Los libros, la música,
la poesía, el recuerdo de Laura, a la que escribía cartas prácticamente cada
dos o tres días (mi epistolario podría servirle a estas alturas como
curiosísimo documento psicolo/literario/ antropológico, si es que lo conserva o
si es que sigue viva, dato que desconozco), me aislaban de la intemperie del
mundo, que a mi alrededor percibía sórdido, pueblerino, mediocre, aburrido,
cruel. Bestiajos hartos de cubalibres en los bares, tías apolilladas y beatas,
cuando no directamente subnormales como mi tía Juana o déspotas chillonas como
Presentación (con ese nombre no es de extrañar la mala leche que gastaba la
madre del hoy en día olvidado Íñigo de Gran Hermano), primos que no compartían
mis inquietudes o sencillamente no las entendían, como Paco o Miguel, y ante
los cuales yo exhibía una especie de orgullo libertario/ literario: eso era lo
que me rodeaba. La gran gloria literaria de la Puebla de los Infantes era
Paulino Rodríguez, que es el autor de sevillanas como aquella de Algo se muere
en el alma/ cuando un amigo se va, a quien yo había visto de niño y muy pocas
veces en mi vida; entonces me parecía que si aquel hombre era la gloria local,
el emérito vate de los puebleños (a los que yo llamaba pueblerinos, con todo su
ácido), el hecho de haber rebautizado al pueblo de mis abuelos paternos como
Malamuerte de los Infantes era todo un logro literario, porque la verdad, las
sevillanas en general siempre me han parecido una auténtica mierda escrita por
gente sin talento para una audiencia sin neuronas, salvo excepciones. Y encima
Paulino Rodríguez ganaba dinero con eso, lo cual me exasperaba, y mi tía Inés
me lo recordaba constantemente, lo cual me exasperaba aún más -tú lo que tienes
que hacer es escribir un libro de sevillanas, me decía-, hasta el punto de que
llegué a odiar las sevillanas como solamente odio cosas como el Vaticano, la
estupidez, el fascismo o la economía neocon/neoliberal, con un odio
reverberante, pleno, volcánico. Yo estaba equivocado, claro; aquello de
escribir como me diera la gana, lo que me diera la gana y cuando me diera la gana
no llevaba a ningún sitio. Yo ya era pecador antes de haber cometido el pecado,
que era publicar. Según mi tía Inés, que como la crítica literaria solvente y
de plena dedicación que era, la pobre, consideraba que los sonetos de Santa
Teresa de Jesús eran lo más de lo más en poesía española y Juan Ramón Jiménez
el maestro por antonomasia de las letras patrias, lo que yo escribía era
cuchufletas sin importancia, resabios con olor a rebeldía, remedos de
literaturas extranjeras que ella desconocía pero como no eran españolas eran
poco menos que literaturas escritas por herejes. Dostoyevski era ya demasiado
fuerte para su paladar, degustador de la Biblia, San Juan de la Cruz y ABC.
Encerrada en su casa, de la que no salía más que para ir a misa o a la compra o
a hacerle una visita a alguien, yo era para ella, las veces que iba a verla,
una especie de acontecimiento demoníaco al que sin embargo había llegado a
tomarle cariño. Nunca dudé de la sinceridad de su afecto hacia mí. Siempre
había dicho que yo era su sobrino favorito, el más inteligente de todos, más
que sus propios hijos, más que los hijos de mis hermanas, más que la mayoría de
los hijos de las señoras del pueblo. Me trataba con un afecto de solterona,
aunque no lo era, y mientras trataba de convencerme de que Dios Es Amor y me
afeaba el hecho de que fumara, mi tío Antonio González, más conocido por el de
Narciso, que siempre me había parecido un enano rencoroso, envidioso y
resentido (odiaba a mi padre como odiaba a todos los que habían logrado escapar
del pueblo a una edad en la que él ya estaba casado y esperando a mi prima
Lola), se iba al Casino, una vez cerrada la tienda, a rumiar lo que tuviera que
rumiar y tomarse unos vinos mientras echaba una partida de cartas, dejando a su
mujer filosofando con aquel melenudo hijo de puta, aquel listillo borracho,
aquel accidente de la naturaleza, aquel hijo de divorciados que era yo.
Y es que para el Narci ser
hijo de divorciados era toda una categoría política y existencial. Era lo peor.
Era pecaminoso, sospechoso. Era una lacra insoluble. Para él y para la mayoría
de la gente como él en aquel pueblo, que ya no vivían en la época de Franco
pero actuaban exactamente igual que cuando la gente se quitaba el sombrero, o
la boina, o lo que fuese, cada vez que veían pasar a la pareja de la Guardia
Civil o al cura. O a alguno de los señoritos del pueblo. El mismo servilismo
inconsciente, la misma mirada sumisa, el mismo temor a que alguien hablara mal
de ellos, el terror a cosas como el divorcio, las minifaldas, los hijos fuera
del matrimonio o no ser capaz de pagar las cuotas de socio del Casino. El Narci
era un tendero con mentalidad de tendero, de los de toda la vida. El hecho de
que alguien pretendiese dedicarse a algo tan volátil como la literatura era
algo que ni siquiera le cabía en la cabeza, como a la inmensa mayoría de mis
familiares. Estaba muy bien que hubiera artistas en el mundo, los libros
quedaban muy bien para adornar el salón, la música quedaba muy bien para
adornar el salón, los cuadros quedaban muy bien para adornar el salón -lo
importante era que todos viesen lo bonito que quedaba el salón-, y Paulino
Rodríguez era un fenómeno, un genio, pero también trabajaba de maestro de
escuela, y por lo tanto tenía un sueldo, que era a fin de cuentas lo único importante
en esta vida. Los hijos estaban para estudiar Derecho, como mi primo Paco, o
Turismo, como mi prima Lola, o Arquitectura, como el hijo de su amigo Lorenzo
Valenzuela, o Económicas, como el hijo de su primo Juan Casas. Los hijos
estaban para darles a los padres la satisfacción de culminar una carrera que
ellos no habían tenido oportunidad de estudiar, y hacerse hombres y mujeres de
provecho que ganaran mucho dinero y pudieran comprarse un apartamento en
Torremolinos, como él, y un piso en Sevilla, como él, y un Mercedes familiar,
como él. La literatura era una anomalía, era el caos, eran pájaros en la cabeza
en vuelo hacia ninguna parte, o sea, hacia la pobreza, la misma pobreza en la
que mi padre caía regularmente por su mala cabeza, con su ropa cara y su Opel
Kadett y sus trabajos que nunca conservaba por su afición a la mala vida, esa
mala vida que él envidiaba, en el fondo, con todas sus fuerzas.
-A tontos como éste les he
dado yo de comer por la cara más de una vez en La Marmita, y hasta les he
prestado dinero para alquilarse un apartamento en La Carihuela o para echarle
gasolina al coche o para comprarle pañales a sus hijos- me dijo mi padre en
cierta ocasión-. A gente como ésa, que llevan el estandarte en las procesiones
de la Virgen de Las Huertas, he tenido que pagarles viajes a Londres para que
abortara su hermana. A mí me van a venir con gilipolleces.
………………………………
DEJAD QUE LAS NUBES
PONGAN TÍTULO A ESTO
by Miguel Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at
9:38pm
He perdido un soneto
que decía
que la luz de tus ojos me alumbraba,
que en el alma llevabas pedrería
preciosa, y que tu voz me cautivaba.
Que he perdido tus muslos en Dublín
mientras buscabas pollas por Sevilla,
que como zorra eras de postín,
que aquel violín sonaba a maravilla.
Será que cuando vuela la poesía
da jaque mate la mediocridad
en esta vil "parida" de ajedrez;
será que tras la musa hay una arpía,
que la lluvia me sabe a soledad
y haber creído en ti, a soplapollez.
que la luz de tus ojos me alumbraba,
que en el alma llevabas pedrería
preciosa, y que tu voz me cautivaba.
Que he perdido tus muslos en Dublín
mientras buscabas pollas por Sevilla,
que como zorra eras de postín,
que aquel violín sonaba a maravilla.
Será que cuando vuela la poesía
da jaque mate la mediocridad
en esta vil "parida" de ajedrez;
será que tras la musa hay una arpía,
que la lluvia me sabe a soledad
y haber creído en ti, a soplapollez.
…………………………………………..
HOMBRE DE PRINCIPIOS
by Miguel Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at 9:32pm
I wanna get drunk till
I´m off my mind
JOHN LEE HOOKER
Bebo, en primer lugar,
porque me da la gana,
porque el futuro viene como una blanda tormenta
de hastío anticipado
en un mundo con menos luces que la tonta de la esquina,
bebo porque el hígado aún no me duele lo suficiente
para claudicar
y perderme en la inane rutina de cafés descafeinados,
licores sin alcohol
y días sin sal
que el común de los mortales llama existencia.
Bebo porque tengo demasiadas neuronas con aristas
pequeños microscópicos cristales de hielo
lúcido aquí dentro,
en esa oscuridad relampagueante de la que algunas mujeres
se enamoran
y que otras desprecian. Bebo
en honor de los que las ven venir
desde muy lejos, sin piedad, sin honor, sin alma
y con hipoteca a cien años,
bebo para adornar la soledad
con vicarios arrebatos de ternura,
bebo como un poseso o un desposeído, bebo
como un imbécil
que no sabe todavía por qué le brotan poemas
de la niebla itinerante que es su alma,
y, porque como dice un viejo blues
me gusta gastar más dinero que un millonario
siendo como soy lo que los entendidos/desentendidos
llaman
una rata letrada con cultura y supuesto
buen corazón, un Robin Hood
de la literatura. No lo sé.
Mis mujeres se asustan a partir del quinto whisky,
y hasta la realidad más sórdida distrae
algún rastro de bondad
cuando bebo. Bebo
por no ver las noticias, por no releer
el Ulises de Joyce
por sexta vez para morirme de envidia, bebo
por no matar
a tanto tocapelotas
y para adquirir la presencia de ánimo que facilita
que el cenutrio al que oigo decir
que la poesía es una mariconada
siga vivo
para poder seguir vomitando sus gilipolleces
ante auditorios propicios. Soy un hombre piadoso.
Bebo porque se me incendian los otoños,
porque noviembre es largo,
porque ciertas mujeres se me aparecen como obras maestras
dentro de la inanidad imperante
y las palabras exactas para bajarles las bragas
-llamadme romántico-
florecen con más facilidad
cuando rugen las hogueras del vino
o fluyen los ríos de whiskey a los que cantaban The Pogues.
Bebo porque me siento acompañado
por Faulkner, Quevedo, Shakespeare, Mozart, Corelli,
Charlie Parker
mi tío Ángel Luis
y toda la bendita nómina de muertos y vivos
con la que transito
por las calles sin alma de la vida.
Bebo porque me sale de la bendita punta de la polla,
porque he dormido en la calle en Roma,
en Londres, en Galway, en Sevilla, en Lanzarote
y un trago ayudaba a no cortarle el cuello
al primer topo autosatisfecho que pasara por allí.
Bebo porque conozco
muy pocas alegrías
y a demasiadas putas
y porque la Biblia puede estar en una canción
de John Lee Hooker, bebo
porque las guitarras de Córdoba
y el whistle de las Islas Aran
suenan mejor, exprimen el corazón
como una esponja de sombras
y a veces saco lo mejor de mí
y las páginas salen solas, aunque aún no alcance
a comprender
por qué escribo. Será que no sirvo
para otra cosa. Y ya que gano
poco dinero
con esto del mester de juglaría
por lo menos -a veces- me harto de follar. Es,
sin duda,
uno de los grandes misterios del Universo.
Bebo por cada cana de mi barba
y por los campos nevados que me acecharán
cualquier día,
sin la dulzura de una piel
o de una página
donde refugiarme.
Anda, bonita, invítame a una copa.
JOHN LEE HOOKER
Bebo, en primer lugar,
porque me da la gana,
porque el futuro viene como una blanda tormenta
de hastío anticipado
en un mundo con menos luces que la tonta de la esquina,
bebo porque el hígado aún no me duele lo suficiente
para claudicar
y perderme en la inane rutina de cafés descafeinados,
licores sin alcohol
y días sin sal
que el común de los mortales llama existencia.
Bebo porque tengo demasiadas neuronas con aristas
pequeños microscópicos cristales de hielo
lúcido aquí dentro,
en esa oscuridad relampagueante de la que algunas mujeres
se enamoran
y que otras desprecian. Bebo
en honor de los que las ven venir
desde muy lejos, sin piedad, sin honor, sin alma
y con hipoteca a cien años,
bebo para adornar la soledad
con vicarios arrebatos de ternura,
bebo como un poseso o un desposeído, bebo
como un imbécil
que no sabe todavía por qué le brotan poemas
de la niebla itinerante que es su alma,
y, porque como dice un viejo blues
me gusta gastar más dinero que un millonario
siendo como soy lo que los entendidos/desentendidos
llaman
una rata letrada con cultura y supuesto
buen corazón, un Robin Hood
de la literatura. No lo sé.
Mis mujeres se asustan a partir del quinto whisky,
y hasta la realidad más sórdida distrae
algún rastro de bondad
cuando bebo. Bebo
por no ver las noticias, por no releer
el Ulises de Joyce
por sexta vez para morirme de envidia, bebo
por no matar
a tanto tocapelotas
y para adquirir la presencia de ánimo que facilita
que el cenutrio al que oigo decir
que la poesía es una mariconada
siga vivo
para poder seguir vomitando sus gilipolleces
ante auditorios propicios. Soy un hombre piadoso.
Bebo porque se me incendian los otoños,
porque noviembre es largo,
porque ciertas mujeres se me aparecen como obras maestras
dentro de la inanidad imperante
y las palabras exactas para bajarles las bragas
-llamadme romántico-
florecen con más facilidad
cuando rugen las hogueras del vino
o fluyen los ríos de whiskey a los que cantaban The Pogues.
Bebo porque me siento acompañado
por Faulkner, Quevedo, Shakespeare, Mozart, Corelli,
Charlie Parker
mi tío Ángel Luis
y toda la bendita nómina de muertos y vivos
con la que transito
por las calles sin alma de la vida.
Bebo porque me sale de la bendita punta de la polla,
porque he dormido en la calle en Roma,
en Londres, en Galway, en Sevilla, en Lanzarote
y un trago ayudaba a no cortarle el cuello
al primer topo autosatisfecho que pasara por allí.
Bebo porque conozco
muy pocas alegrías
y a demasiadas putas
y porque la Biblia puede estar en una canción
de John Lee Hooker, bebo
porque las guitarras de Córdoba
y el whistle de las Islas Aran
suenan mejor, exprimen el corazón
como una esponja de sombras
y a veces saco lo mejor de mí
y las páginas salen solas, aunque aún no alcance
a comprender
por qué escribo. Será que no sirvo
para otra cosa. Y ya que gano
poco dinero
con esto del mester de juglaría
por lo menos -a veces- me harto de follar. Es,
sin duda,
uno de los grandes misterios del Universo.
Bebo por cada cana de mi barba
y por los campos nevados que me acecharán
cualquier día,
sin la dulzura de una piel
o de una página
donde refugiarme.
Anda, bonita, invítame a una copa.
……………………………………………………………
BALADA DE LA TÍA MARÍA COLLARES
by Miguel
Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at 9:28pm
La que aún echa de menos
la polla de alguien
que no es su marido
la compradora compulsiva
de cremas
y maquillaje
la que se libró de los colmillos
de la vida
de la intemperie
de la vida
de la miseria atroz
de la vida
gracias al matrimonio
y a la que le ha salido un hijo golfo
la inquisidora de la mierda ajena
la que se abrió de piernas por dinero
la que se acojonó con las orejas
del lobo
la que jamás prestó sin intereses
permitiéndose el lujo de decirme
en pleno funeral de su propia
madre
-mi abuela-
que si es que estaba allí por su dinero
mira, maría collares
yo jamás te he pedido una moneda
ni me he escandalizado de que tu marido
haya robado a manos llenas
desde el confort blindado a todos los vientos
de su despacho de banquero
me la suda si tu hija
tiene una polla en cada puerto
y viaja con visa oro
y si tu hijo le da a la coca
o se pone de whisky hasta las cejas
yo jamás te he llamado por teléfono
para decirte que necesito una dentadura nueva
que me ayudes con la matrícula de la universidad
o que me localices una clínica
de desintoxicación
para mi hermana
estoy muy orgulloso de cagar por el culo
la comida que yo mismo me pago
o que yo mismo robo
(no tengo ningún marido que lo haga
por mí)
y de no ser nadie
para nadie
o mucho para pocos
o lo que coño sea
aquí en mi rincón
tu mundo me da náuseas
tus almuerzos familiares me dan náuseas
tu hipocresía me da náuseas
maría collares
así que métete tu dinero
por el culo
si es que tanto mear perfume francés
recibir besos negros de familiares
en apuros económicos
y cagar langostas thermidor
no te ha dejado
sin ojete
bonica
la polla de alguien
que no es su marido
la compradora compulsiva
de cremas
y maquillaje
la que se libró de los colmillos
de la vida
de la intemperie
de la vida
de la miseria atroz
de la vida
gracias al matrimonio
y a la que le ha salido un hijo golfo
la inquisidora de la mierda ajena
la que se abrió de piernas por dinero
la que se acojonó con las orejas
del lobo
la que jamás prestó sin intereses
permitiéndose el lujo de decirme
en pleno funeral de su propia
madre
-mi abuela-
que si es que estaba allí por su dinero
mira, maría collares
yo jamás te he pedido una moneda
ni me he escandalizado de que tu marido
haya robado a manos llenas
desde el confort blindado a todos los vientos
de su despacho de banquero
me la suda si tu hija
tiene una polla en cada puerto
y viaja con visa oro
y si tu hijo le da a la coca
o se pone de whisky hasta las cejas
yo jamás te he llamado por teléfono
para decirte que necesito una dentadura nueva
que me ayudes con la matrícula de la universidad
o que me localices una clínica
de desintoxicación
para mi hermana
estoy muy orgulloso de cagar por el culo
la comida que yo mismo me pago
o que yo mismo robo
(no tengo ningún marido que lo haga
por mí)
y de no ser nadie
para nadie
o mucho para pocos
o lo que coño sea
aquí en mi rincón
tu mundo me da náuseas
tus almuerzos familiares me dan náuseas
tu hipocresía me da náuseas
maría collares
así que métete tu dinero
por el culo
si es que tanto mear perfume francés
recibir besos negros de familiares
en apuros económicos
y cagar langostas thermidor
no te ha dejado
sin ojete
bonica
……………………………………………………….
UN PAÍS LIBRE
by Miguel Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at 9:19pm
El camarero
del bar
de abajo
de mi casa
me pide
que no lleve en la solapa
un pin
con la bandera
republicana
porque -dice-
eso le impide -dice que es una provocación-
lamer adecuadamente
las almorranas
de un cliente fascista
que deja buenas
propinas.
Lo que yo decía:
hoy el cielo tiene color
de vómitos
rancios.
del bar
de abajo
de mi casa
me pide
que no lleve en la solapa
un pin
con la bandera
republicana
porque -dice-
eso le impide -dice que es una provocación-
lamer adecuadamente
las almorranas
de un cliente fascista
que deja buenas
propinas.
Lo que yo decía:
hoy el cielo tiene color
de vómitos
rancios.
………………………………………………………..
ROSAS DE SAL EN EL
CORAZÓN
by Miguel
Ángel Sosa Higuera on Sunday, July 3, 2011 at 9:14pm
Rosas de sal en el
corazón a la hora de las luces vagas
De verdades que no admiten nombre
Cruces de caminos entre los abetos de la memoria
A la hora de la nieve que cruje como el alma
La lluvia sobre el asfalto de los recuerdos
Impuros como mano enemiga tendida cordialmente
Lamer las tetas de Pilar Rubio en un anochecer de farolas lánguidas
A lo lejos, en un Madrid de niebla
Y el viejo Leonard perdido en el fondo de un vaso de whisky
Entonando The Future
Un cruce de carreteras en las sábanas manchadas
Mientras se cierran todos los telones
Y la luz relumbra en los vasos y el piano
Goodbye everybody Canta
B.B.King
Un zapato de Pilar Rubio por el suelo
Mientras aúllan los lobos
En mi corazón perplejo de cenizas.
De verdades que no admiten nombre
Cruces de caminos entre los abetos de la memoria
A la hora de la nieve que cruje como el alma
La lluvia sobre el asfalto de los recuerdos
Impuros como mano enemiga tendida cordialmente
Lamer las tetas de Pilar Rubio en un anochecer de farolas lánguidas
A lo lejos, en un Madrid de niebla
Y el viejo Leonard perdido en el fondo de un vaso de whisky
Entonando The Future
Un cruce de carreteras en las sábanas manchadas
Mientras se cierran todos los telones
Y la luz relumbra en los vasos y el piano
Goodbye everybody Canta
B.B.King
Un zapato de Pilar Rubio por el suelo
Mientras aúllan los lobos
En mi corazón perplejo de cenizas.
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by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Tuesday, May 31, 2011 at 1:38pm
Noches de calabozo con
mosquitos,
esposado, bocata de propina;
puta Guardia Civil y putos
ritos,
juez con mierda bajo la
gabardina.
Pistolas cargadas de
cocaína,
comisarios con cuernos y
medallas,
el sicario tortura y el
preso desafina,
y los secretas confiscando
rayas.
Muy valientes y honrados y
con porra
y uniforme y pistola y carta
blanca
para joderte vivo. Y con
banderas.
Tienen el usufructo de la
zorra,
sus jefes son machacas de la
Banca,
¿derechos?; abra usted las
tragaderas.
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SEVILLANAS DEL "PALO
VA, PALO VIENE"
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Saturday, May 28, 2011 at 7:06am
Dedicado a los agredidos de Barcelona.
Yo quiero que a mí los palos
me los pegue Bud Spencer.
...me los pegue Bud Spencer.
Yo quiero que a mí los palos
me los pegue Bud Spencer.
Yo quiero que a mí los palos
me los pegue Bud Spencer.
...me los pegue Bud Spencer,
porque son palos de broma
de los que dan y no duele.
Son golpes pero sin porra
que suenan y no se sienten.
Hay que limpiar la ciudad
"pa" los turistas
que vienen,
"pa" los turistas
que vienen,
que dejan un euro y medio
y vuelven a los hoteles.
Un cáncer en los cojones
te lleve "pa" el
otro barrio.
...te lleve "pa"
el otro barrio.
Un cáncer en los cojones
te lleve "pa" el
otro barrio.
Un cáncer en los cojones
te lleve "pa" el
otro barrio.
...te lleve "pa"
el otro barrio.
Que se te caiga la porra
"toíta" hecha
pedazos.
Molotov te sirva un cocktail
cuando te vea jadeando.
Hay que limpiar la ciudad
"pa" los turistas
que vienen,
"pa"los turistas
que vienen.
Adelantemos la Liga,
que empiece el mes que
viene.
Un boomerang es la
"pela"
que vuelve en forma de palo.
...que vuelve en forma de
palo.
Un boomerang es la
"pela"
que vuelve en forma de palo.
Un boomerang es la
"pela"
que vuelve en forma de palo.
...que vuelve en forma de
palo.
Con su sueldo ellos te pagan
los palos que tú le has
dado.
¡Anda!, ¡sé un chucho
bueno!.
¡Échate ahí!, ¡no seas
malo!.
Hay que limpiar la ciudad,
que se enfadan los tenderos,
que se enfadan los tenderos.
Nunca se queda contento
un cateto por dinero.
de Buzo del Guadalquivir
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EL TORO DE INTERECONOMÍA Y
LA FIESTA NAZIONAL
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Saturday, May 28, 2011 at 6:54am
Lo de identificar España con la efigie del toro manda cojones, como si en este país, ya que se trata de eso, no existieran figuras como Cervantes, O Paco de Lucía, o Séneca, o Velázquez, o incluso Marianico el Corto. Es uno más de los muchos discursos surrealista/folklóricos de una derecha delirante, aceradamente empeñada en la existencia de complots –no sabemos si judeomasónicocomunistas- contra la integridad nacional, cosa que a este humilde cronista, ácrata ferviente y a la vez orgulloso defensor de la cultura en lengua española –lunfardo incluído- toca bastante los cojones. ¿Otra vez el rollo de España como unidad de destino en lo Universal, con pestazo mefítico a brazo incorrupto de Santa Teresa, régimen nazicatólico avant la lettre, cerrado y sacristía y paredón para los desafectos al régimen que defienden personajes como Jiménez Losantos y César Alonso de los Ríos y otros ilustres tertulianos encorbatados? Naturellement, mes amis. “Losantos es un fenómeno”, dice alguien anónimo en un mensaje. De eso no cabe la menor duda: un fenómeno de feria. El Hombre Elefante de la derechona dura, esa que gusta tanto a la Iglesia Católica de toda la vida, la de los autos de fe, la que pactó con Hitler, la misma que de tener cierto grado de poder –aparte del de petarle el culo a los niños con la venia de sus superiores- probablemente llevaría a cabo una limpieza ideológica de órdago, a sangre y fuego y mazmorra, como en los buenos viejos tiempos de Torquemada.
El toro ibérico como símbolo
aglutinador de todo un país que es precisamente más rico no por supuestos
afanes de unicidad, sino por su variedad geográfica y cultural, desde las
costas de Finisterre al Cap de Creus, desde Cádiz a Fornells, desde Irún a la
isla de La Palma. Por no hablar de lo que realmente nos vertebra, en el sentido
orteguiano: el idioma. Desde Seattle a Pekín, desde Tromsö a Punta Arenas. Una
cultura heteróclita, efervescente, tentacular, poliforme, inmortal como algunas
de sus predecesoras, consecuencia de la lenta decantación de múltiples
mestizajes, de vocación mundial y largo aliento histórico, etnográfico,
filológico y filosófico, que a estos cenutrios de mente más corta que un
suspiro parece molestar, cual patada en los cojones, mientras se beben unas
cañas en un debate televisivo (al menos la idea es original, graciosamente
castiza, dejando a un lado la caspa). España es mucho más que la efigie
simbólica de un toro bravo. Hasta el perfil de Quevedo les hubiera quedado más
digno. Están, como siempre, perdidos en las alcantarillas de la historia,
chapaleando en la mierda como ratas rabiosas, de discurso apocalíptico y
pseudopatriotero y salvapatrias (no recuerdo quién dijo aquello de que el
patriotismo era el último refugio o recurso de los infames: cito de memoria y a
vuelapluma), demonizando a una izquierda que, por cierto, tampoco es un modelo
de probidad ni de coherencia ni de honestidad (chorizos hay en todas partes),
pero que tampoco creo que tenga nada contra los toros. O contra el Toro, con
mayúscula. El mismo que ahora pace en las muy políticamente correctas y
saneadas y fértiles dehesas de la burocracia de la Unión Europea sin decir
literalmente ni mu.
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DENUNCIE
USTED
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Friday, May 27, 2011 at 12:27pm
Sea solidario con el Estado, pobrecito, que no solo vela por nuestros intereses sino que va a acabar teniendo vela en todos los entierros: denuncie usted anónimamente a su vecino si lo ve fumando en zona no autorizada o arrojando colillas al suelo. Qué prestancia soviética o filonazi de leyes antitabaco, promulgadas precisamente en unos momentos históricos en que la crisis económica plantea enfrentarse a problemas bastante más urgentes que la demonización de los fumadores. El grado de soplapollez, dicho con todas sus letras, de esta leguleya, fascistoide, atrabiliaria movida es casi el remate perfecto de la gestión babosamente paternalista y fascistoide de un gobierno evidentemente ineficaz. A los más de cuatro millones de parados que navegan entre la cotidiana zozobra y la ubicua desesperanza cotidiana por las calles españolas, sólo les faltaba que les prohíban fumar mientras apuran su café con leche o se dan coraje para afrontar la miseria cotidiana con una copita de aguardiente en su bar de toda la vida. O que los denuncie la vecina por aplastar una colilla bajo su balcón. Hasta los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado debieran protestar por semejante grado de regresión, en el aspecto nicotínico, a la más negra, pútrida, esperpéntica España de hace unas décadas. Claro que no lo harán: al fin y al cabo seguirán cobrando sus nóminas gracias, en buena parte, al dinero que el Estado recauda gracias al irredento empeño consumidor de los fumadores de pro, que se dejan la pasta alegremente a pesar de la prohibición. Lo de seguir trincando a cuenta del ciudadano –que no es lo mismo que trincar al ciudadano- nunca será susceptible de ser prohibido, quod decet. Así nos luce el pelo. Los pulmones son un asunto estrictamente privado. Y que luego no nos venga la Ministra de Sanidad hablando de gastos de tratamiento. ¿Le ha preguntado alguien a ella cuál es su presupuesto mensual en cremas de maquillaje o gambas a la plancha o modelitos de Versace? Venga ya, coño. Van a venir a robar a la cárcel, a estas alturas.
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VUELAPLUMA
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Friday, May 27, 2011 at 6:13am
Por lo visto, los señores de esta cadena consideran que la efigie representativa de España es un toro bravo. El anagrama de Intereconomía es un toro bravo. Aluden al toro incluso en videos en los que una voz en off insta al animal a levantarse y luchar, es decir, a recuperar Cuba, Filipinas, a Felipe II y el oro del Perú: hacen proselitismo de una España que ya no existe más que en la imaginación calenturienta de 4 fachas, aprovechando coyunturas como la de la crisis...etc etc. Es para no perdérselo: es el canal Comedy por excelencia. Es tan delirante que tiene efectos psicotrópicos, lo juro. No soy yo el que alude al Toro: son ellos. Pues claro que lo ideologizan. Hasta los cuernos.
DE
EDITORIALES
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Thursday, May 26, 2011 at 1:35pm
Hola, compañero:
He llamado a Atlantis, y me
han dicho que pueden enviarme el libro sin problemas, al precio de: 17 euros,
más 5 euros de gastos de envío. También, que puedo pedirlo en la casa del libro
y en la librería Prometeo; he buscado en ambas y, ciertamente, lo tienen. La
última, a 17.68 euros. Les he dicho que vivo en un pueblo de Toledo, (porque me
lo han preguntado), y sugieren que se lo pida a la librería de aquí, y ellos le
enviarán los ejemplares que le pidan. Ya ves, lo venden aunque a ti te digan
que no. Con la editorial mia, seguro que pasará lo mismo. Si quieres informarte
es: "Éraseunavez.org". Por lo que veo, todos de la misma calaña.
He aprovechado para decirles
que también soy escritor; dicen que les mande alguna obra. Les he preguntado si
es coedición, dicen que no, que sólo debo ayudarles a vender cien libros en la
presentación, pero que tengo que comprar los que no se vendan. Así, de golpe,
dando por hecho que la editan sin conocer el contenido.
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DESINSPIRACIÓN
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Thursday, May 26, 2011 at 10:52am
Un hombre puede llegar a sentir gran afición
por la mierda si su
subsistencia depende de ella,
si su felicidad está
comprometida.
-HENRY MILLER-
No hay de qué preocuparse
La noche es un río de
estrellas que se descojonan
mientras los árboles
murmuran tañidos
por un viento descerebrado
y la buena gente se engancha
al televisor
para ver programas que
sonrojarían a nuestros
antepasados, que harían
agachar la cabeza
al propio Zeus, que harían
suicidarse
a Esquilo, a Sófocles,
a Catulo, tal vez
al propio Cervantes
si no hubiera escrito ya
lo que Dostoievskii llamó
la más triste de todas las
historias. No tenemos remedio.
Somos los extraños esclavos
de una religión laica
que ni las piedras
comprenden. El inconformismo
daña su salud
y la de los que están a su
alrededor, es
el slogan que les falta por
colgar en las paredes
a la manada de hijos de puta
que tienen la sartén por
el mango. Qué buen sofrito
están haciendo los muy
cabrones
con nuestros cerebros.
Poetas que son putas baratas
que además ni cobran, no al
menos
lo que la perfecta ama de
casa
que se pule la Visa del
marido
comprándole ropa a su amante
y luego le pone velas
a la Virgen del Banco de
Santander, poetas
como gorriones, como mirlos,
como abubillas de los
premios literarios,
comemierdas, lameculos
vendidos por cuatro cuartos
que al final resultan ser
cuartos de pensión, cantores
de las excelencias de la
Semana Santa,
del ojo del culo
del presidente de Planeta,
del paisaje de Rabanillos
del Monte. Novelistas
de la nada,
paniaguados, cretinos,
vacíos
de cualquier mínima luz
de inteligencia, de
creatividad,
de espíritu vitriólico,
algunos
con bastón y desatadas
perdidas
cada vez que salen por
televisión. Músicos
que se repiten a sí mismos
cada vez que abren
la puta boca, comprometidos,
solidarios,
engagés, su
padre a caballo
con cortijito y Mercedes
o fundación a favor de los
espárragos
de Torredoncapullo de la
Dehesa.
Y el personal
echando el hígado por un
equipo de fútbol
los fines de semana, y las
putas
en las esquinas
con más clase
que cualquier duquesa
mediática
e historias de verdad que
contar, historias
sangrantes, viscerales,
de navajazo en el Metro,
y mendigos que podrían ser
Sócrates
y se ahogan en vino
por no tirarse al río más
cercano.
Ya nadie se acuerda de Orson
Welles.
De Beethoven. De Yeats.
De Tolstoi. De Goya.
Lo suyo es ahora el teléfono
móvil
de última generación, el
portátil
de última generación, las
tetas
siliconadas de última
generación, ah,
y por supuesto el Premio
Planeta.
En fin, nada de lo que
preocuparse.
La noche plateada se refleja
en las fuentes
y las farolas iluminan
tenuemente
los empedrados de las
callejas
del corazón. Estamos a salvo
en la niebla, fumando,
junto al fuego de ciertas
chimeneas,
en las tabernas recónditas
del recuerdo.
La juventud ha pasado
pero seguimos vivos, y de
vez
en cuando
incluso arrojamos
televisores
por la ventana
y nos descojonamos
de
la
risa.
……………….
BILLANSIKO Nº3
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Thursday, May 26, 2011 at 7:40am
Para Francisco G. Carrillo
Ya vienen los derechones
Con corbata y crucifijo
A tocarme los cojones
Con cara de niño pijo
Ya vienen con el sahumerio
Con cardenales y obispos
El Papa y su bendición
Y el Opus a plazo fijo
Con banderas rojigualdas
Y con la virtud del vicio
La mano bajo las faldas
De la chica de servicio
Vienen con el beemeúve
O con el Mercedes negro
Roneando de chaletes
Y de la pasta del suegro
Vienen con vivas a Franco
Y a la hermana San Sulpicio
Con la querida y su estanco
Y el abuelo en el hospicio
Qué cruzados por la Causa
Qué pandilla de ladrones
Con la reata de curas
Que les lamen los cojones
Y con la tía beata
Que regala polvorones
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DE
CLÁSICOS
by
Miguel Ángel Sosa Higuera on Friday, May 20, 2011 at 7:23am
Homero, Esquilo, Sófocles,
Cicerón, Séneca, Catulo, Ovidio, Virgilio, Horacio, Apuleyo, San Agustín, Santo
Tomás, Aristóteles, Platón, Shakespeare. Eso de aperitivo. Quien no haya pasado
por esas páginas alguna vez en la vida se está perdiendo el conocimiento de los
mismísimos pilares que cimentan la cultura -no ya sólo la literatura-
contemporánea. Y se nota, vaya si se nota, que hoy en día se cita a estos
escritores porque se le ha echado un vistazo a la Wikipedia o a un diccionario
de citas. No hay más que echar un vistazo a lo que se publica últimamente como
literatura "seria". Y luego, otra vez Shakespeare, y Cervantes, sin
olvidar a Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Garcilaso, Cadalso, Montaigne, Villon,
Dante, Diderot, Voltaire, Nietzsche, Schopenhauer, Proust, Kafka, Joyce, Yeats,
Ibsen, Chejov, Dostoyevski, Tolstoi, Rabelais, Andre Breton, Apollinaire,
Verlaine, Baudelaire, Rimbaud, Housmans, Lawrence Sterne, Lawrence Durrell,
Hemingway, Dos Passos, Scott Fitzgerald, Dorothy Parker, William Faulkner... La
lista es interminable. Ha de serlo. Los clásicos no mueren aunque haya gente
denodadamente empeñada en vendernos a Stephenie Meyer y otras lindezas huecas.
Muere un poco, se mutila un poco a sí mismo/a, quien no aprecia, disfruta,
aprende, se inclina humildemente ante tanta grandeza, sin la que no sería
posible ni la décima parte de lo que somos hoy.
.
May 20 at 7:33am ·
6 comments:
Hola Jenniffer.
No sé si estás recopilando los trabajos y la obra de Miguel Ángel, pero si es así, debo de informarte de que dejó algunos poemas en un grupo de facebook "Poemas, Poesías, Relatos, Frases y Todos a Concursar".
Aunque no lo he conocido, con tu permiso dejo unas palabras para él...
Estimado Miguel Ángel:
Fuiste el primero en participar en el concurso Poémides y cuando me acerqué a tu muro, aún abierto, me di cuenta de que ya no te encontrabas entre nosotros
Allá donde estés, espero que la paz y el amor reine para siempre en ti. Nos dejas tu recuerdo y muestra de tu pasión por la poesía.
Descansa en paz poeta...
Muchas gracias, amigo. Iré al grupo a ver si alguno de esos poemas podemos agregarlos a este blog. Gracias por tus hermosas palabras, que él seguramente las ha recibido.
Un fuerte abrazo.
Jeniffer
Es interesante poder disfrutar de conocer la biografia y la historia de distintas personalidades y por eso internet es una fuente de recursos para conocer la obra de distintos escritores. Es por eso que constantemente busco la chance de conseguir vuelos baratos lan para llegar a otros países y llegar a disfrutar del trabajo de los escritores locales y deleitarme en mi tiempo libre durante el descanso
Hola Jenifer
Hola Jenifer:
Con emoción he leído tu homenaje a Miguel Ángel Sosa Higuera. Resulta que tanto él, como un grupo de amigos, entre los que me encuentro, coincidimos con nuestros respectivos blogs en un portal literario denominado "Librodearena.com", en el que Miguel Ángel escribía con el seudónimo de "iRISHROVER" en su blog "Meditaciones del capitán Nemo", él era muy activo en dicho portal, me atrevería a decir que casi era su alma mater. Durante los dos años que coincidimos (2009-2011) nos estuvimos comentando mútuamente los posts que escribíamos, lo que propició que surgiera una amistad que se sustentó también con intercanbio de e-mails y llamadas de teléfono. Su prematura muerte supuso un golpe duro para todos aquellos que acabamos seducidos por su personalidad, su franqueza, su talento y su irreverencia. Por lo que llegué a conocer de él, era una persona sincera, lúcida, culta, apasionada, vital, valiente y leal con sus amigos y con la gente y las causas a las que apreciaba. Un escritor de raza que se tomaba la literatura muy en serio y no como un mero pasatiempo o un adorno cultural. Al margen del desgarro humano que supuso su desaparición, la tragedia se engrandece al saber que murió en la flor de la vida una persona poseedora de un talento literario inmenso, una de las mejores plumas en lengua castellana que he leído.
Tengo previsto publicar este otoño mi primer libro de relatos centrados en la temática metaliteraria, irá dedicado a Miguel Ángel in memoriam.
Un amigo del portal, Jesús, realizó una recopilación de sus escritos -dudo que exhaustiva- que abarcan unas quinientas hojas. Podría pasarte dicho archivo en caso de que estés interesada. Te mando mi e-mail por si quisieras ponerte en contacto conmigo: disparosliterarios@gmail.com
Héctor Daniel Olivera Campos.
Gracias por este homenaje a Irishrover (Miguel Ángel), y muchas gracias a él por sus escritos y traducciones, donde quiera que se encuentre deseo que los Buddhas lo cuiden y lo protejan.Escuchando blues y John Lee Hooker, yo también fuí compañero de Miguel Ángel en Libro de Arena, del cual me desconecté y revisando algunos viejos post, me encuentro con esta terrible noticia, un poeta del carajo cambió el amanecer, ahora canta entre cristales solitarios que acompañan a otros solitarios.
¡Namaste!
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