Thursday, December 19, 2013

Relato vivencial: Cuarenta Grados Centígrados, adiós a la vida, de José Bullaúde.



COMENZÓ A DIALOGAR CON PARIENTES MUERTOS

Para su infección no había antibióticos. El pronóstico medico auguró “si a los 40º C no se baja la temperatura, morirá”.
   De su cuerpo semidesnudo, candente, aplastado sobre la cama, emanaban vapores. Luchaban contra su muerte, médicos experimentados y a la vez, amigos personales. También luchaban, cada uno a su manera, amigos y amigas de antes y de ahora. Algunos, además, eran hijos del corazón, pero no de la carne. Todos querían retenerlo.
   A los treinta y nueve grados centígrados, empezó a delirar en un mono diálogo sin fin, con parientes y amigos fallecidos. Narraba su infancia en una aldea de oriente, “viví el paraíso”, repetía suspirando.
   A pesar de los denodados, increíbles esfuerzos, no se pudo detener la fiebre. Llegó a los cuarenta grados centígrados. Hablaba poco, sólo palabras sueltas, estaba inmóvil, respiraba dificultosamente… dejó de respirar, pasaron segundos. ¿Cuántos? ¿Alguien lo sabe? ¡Cuántos, por favor! Tenía 80 años.
    Entre los presentes, hubo sollozos entrecortados, respiros de profunda resignación y también doloridos rechazos. Un denso silencio ambiental. Nadie supo cuánto tiempo dejó de respirar. Porque, súbitamente, empezó a recuperar la respiración lenta, dificultosa.
   ¡Milagro! La fiebre disminuye lentamente.
   Abundaron los “por qués” y los “¿qué pasó?”, pero la alegría fue mayor que la necesidad de indagar.
   Más allá de lo que se dijo, y de lo mucho que no se dijo, fue impresionante la cantidad de amor que la gente aportó para que un ser humano no los abandonara y siguiera acompañándolos en sus vidas.

HACE UNOS AÑOS, ÉL DECIA
-        En mi vida busqué la mutua adaptación con mis amigos.
-        De la amistad, hice un culto. Modelé, me modelaron. Enseñé, me enseñaron. Cuidé, me cuidaron. Amparé, me ampararon. Guié, me guiaron.

¿QUÉ PASÓ EN LOS SEGUNDOS DE PARO RESPIRATORIO? 
   Cuando su respiración se detuvo, una bolsa invisible en forma de huevo hecha de energía gravitacional, explotó. Contenía su cuerpo. Toda su vida lo había protegido y encarcelado, hasta el momento en que el huevo se abrió.
   Una energía distinta, potente, lo succionó llevándolo, sin escalas, hacia otro espacio, dimensión, o como sea que le llamen. No lo sabemos, no importa. Lo succionó.
Allí encontró una libertad desconocida. Comparó con los ochenta años de prisión (amor, protección, esclavitud) en el huevo terráqueo. Conoció las diferencias entre ellas. Viviéndolas.
    Estaba ahora en un espacio de más luz, paz y libertad total… era la ingravidez.
    Vio a gran distancia, una columna. Venía a tanta velocidad, que apenas llegaron, ya se fueron. Todo duró “cuatro segundos” (en horario terrestre). Pudo dialogar con algunos amigos, abrazarse con otros, bromear con vecinos, saludarse solamente con los no amigos, como si el tiempo del desfile hubiese sido de una “hora terrestre”.
   Se sorprendió de lo que le estaba pasando. Tanta velocidad en el trato con la gente, era para él desconocida.
   Estaba pensando en eso, el avance veloz se repitió. Pero esta vez, era él quien se desplazaba. De nuevo despidiéndose de cada uno, en no más de cuatro segundos terrestres. Tenía que acostumbrarse a esto, algo muy distinto a lo ya conocido. Su mente estaba muy lúcida comparada con la anterior.

EL PENSAMIENTO INDUCE LA ACCIÓN
  Contrariamente a la tierra, aquí los seres humanos no tenían cuerpo sólido, sólo cuerpo sutil. ¿Sería esa la causa de la gran velocidad? se preguntó. Ahora, podía pensar mucho más rápidamente.
   Apareció un grupo de personas que discutían. Hablaban todos a la vez. Pero no era un desorden, todo lo contrario. Hablaban uno con otro, como por canales separados, sin interferir. Cuando un nuevo interlocutor empezaba, no se interrumpía el dialogo con el anterior, continuaba sin ninguna interferencia.
   Él quiso hablar con ellos. Inmediatamente, un ruso en un nuevo canal le preguntó en un dialecto desconocido, si hacía mucho que había llegado. Él se admiró, porque sin conocer el idioma o dialecto, entendió lo que le quería decir. Le contestó inmediatamente con palabras “no hace mucho, hace poco”. El ruso puso mala cara porque no le entendía y se lo aclaró.
-        Con palabras, no. Con el pensamiento.
   Entonces él buscó cómo hacerlo. Lo consiguió y lo hizo. Empezaron a entenderse. Otra persona se incorporó al dialogo ¿problemas? No. Se estableció un nuevo canal y hubo un “triálogo”. Todos hablaban a la vez sin ninguna confusión, sin necesidad de traducción, no había ningún error. La comunicación de todos era fluida.
   Él descubrió que aquí, contrariamente a la tierra, el pensamiento induce la acción.

¿PALABRAS AQUÍ? PARA QUÉ…
   Estuvo con personas que vivían en una especie de aldea, no como las que él conocía, distintas. Vivian su vida diaria. Bueno, lo que él interpretó que era su vida diaria: iban, venían, transportaban cosas, conversaban.
   Fue a otro lugar, una ciudad con mucha gente. También gran interacción, muchos comunicantes, pero no caos. Notó que en diversas situaciones intervenía la voluntad.  Pero acá, era una voluntad sutil. En la tierra, hubiera sido una voluntad pesada. Aquí, por lo que había visto, todo era menos denso que en la tierra.
  Quiso saber más de la aldea con gente que parecía cultivar la tierra. Tuvo problemas con las palabras. La palabra “cultivar” no correspondía a la realidad, porque vivían de la tierra, no la trabajaban. También, la palabra “vivían” quizás no era correcta, porque estaban unidos a la tierra como una planta al suelo. Pero no era suelo, no era planta, no era una unión conocida por él. Era otra unión, ¡claro! era otra realidad. Para la cual no encontraba equivalentes en el lenguaje humano que él utilizaba. Entonces, decidió adaptarse a la nueva realidad. Si aquí no hay palabras, ¿no las buscaría? Fácil es decir y difícil es hacer. Después de ochenta años de vida, permanentemente con palabras, las extrañaba y sentía su vacío. Pero aquí el pensamiento carece de palabras. Aquí pensar es inducir a la acción.
   Sin tener nada que ver, me asaltó una duda. En la Biblia, Dios dijo “hágase la luz”. Pero la situación pudo haber sido igual que la de aquí, el pensamiento inducia la acción. Teniendo en cuenta, , en ese momento, no existieron todavía las palabras. Porque según la Biblia, la palabra empezó a existir cuando Adán y Eva le pusieron nombres a los animales y todo lo creado. Dejo la duda en manos de los especialistas en estudios bíblicos. El pensamiento de Dios indujo la acción de “hágase la luz” y se hizo la luz.

ENERGIA y  MATERIA.  NO HAY DUALIDAD.

    Estuvo en las altas cumbres con andinistas. El frío era mortal, pero él no lo percibía. En el llano hacía calor. Tampoco lo percibió.
   Intentó una experiencia, imposible en la tierra. Estar en los dos lugares distintos al mismo tiempo. No terminó de pensarlo y estuvo ya en las frías cumbres y en el caliente llano. Pero no tuvo necesidad de separarse en dos. La misma persona gozó levemente de la plenitud del aire del llano y levemente, también, sufrió la escasez del aire de la alta montaña, simultáneamente.
    Quedó sorprendido, maravillado. Lo que en la tierra era contradicción “No puede una persona estar en dos lugares distintos al mismo tiempo”, no era cierto aquí.  ¿Podría él encontrar una explicación? Sí, había encontrado una.
  Estaba muy atrapado por su descubrimiento, cuando sintió un golpe fuerte. Era como de un trueno deslizándose por un largo túnel. 
  Lo distrajo, pero inmediatamente volvió a lo que lo tenía atrapado…
  El golpe se repitió. Ahora, le sacudió todo el cuerpo.  El trueno se transformó en  latido y el latido tomó el ritmo cardiaco. La capsula en forma de huevo con energía gravitacional, se estaba cerrando. Con él adentro.
   Un túnel largo en el cual latía un corazón, lo fue tragando.  Nuevamente, está en el punto de partida.
  Empezó a sentir el peso de la gravitación terrestre... protección y cárcel.
Escuchó exclamaciones jubilosas, “¡está bajando la fiebre… se salvó! ¡Milagro!” Respiró con dificultad.
   Pero él añoraba fuertemente la libertad anterior. No quería que lo sacaran de su mundo. Quería volver a él. Lo intentó. No podía.
   Lo sacuden… no quiere, le molesta. Ellos están eufóricos, quieren recuperarlo. Ve a sus amigos locos de alegría, los mira con piedad. Pensó – ¿Por qué quieren que vuelva a esta realidad oprimente? –
   Bajó la fiebre. La cápsula en forma de huevo, con energía terrestre, terminó de chuparlo y se cerró. Ahora sí, “la protección y la cárcel”. La gente contenta, lo abrazó. Él no tuvo más remedio. Agradeció. Los médicos exhaustos sonrieron, le llamo la atención. Los hijos del corazón lo abrazaron con lágrimas en los ojos.
   Como si las aguas de su rio volvieran a sus orígenes, él empezó su retorno a la vida. Uniendo pasado y futuro en un presente.  En el otro mundo no había materia, es decir, no había cuerpo. No había muerte. No había vejez. No había dolor.  No había enfermedades. Las aguas de su  rio que regresaban, le mostraban a sus amigos luchando por amor para traerlo de vuelta a la vida.
  El otro mundo perfecto, era atrapante. Aquí empezó a descubrir en ellos, el amor. Empezó a descubrir en ellos, un amor antiguo.  Había vuelto a la cárcel terrestre. El otro mundo era perfecto. Este no. Pero aquí, pudieron unirse los “yos” y los “tus” y crear un “nosotros” por amor. Allá no hay amor y no lo habrá nunca. El amor allá no existe. Aquí sí.
  Aquí el amor no es perfecto, pero se puede perfeccionar. Las aguas de su rio lo volvieron a su infancia. Y desde allí inició una nueva vida creada por sus amigos con amor. En ellas, vivía el retorno de su muerte.

ESTUVO UNOS SEGUNDOS SIN RESPIRAR

   Sus amigos le pidieron que le contaran lo que le pasó. Pero lo vivido eran pedazos sueltos, sin estructura. Era necesario organizarlos en secuencias.
  Mientras él les contaba, ellos lo escuchaban embelesados. Al terminar, la pregunta general fue ¿Si tuvieras que elegir, entre los dos mundos, con cuál te quedarías? ¿CUÁL SERÍA TU DECISIÓN? Su respuesta fue sin ninguna duda, “me quedo en este mundo porque aquí hay amor. Allí no hay y nunca lo habrá”.

Un sueño y algo más

  Anoche 18 de Abril de 2012, soñé con Daniel Alberto Dessein quien me dijo:
-        Tenés que escribir esa experiencia de tu regreso de la muerte. Pero como cuando la contás. No como cuando la escribís, que te sale sin vida.
  Daniel Alberto Dessein fue uno de mis amigos de toda la vida, el más entrañable. La amistad con él fue profunda, creadora y muy generosa de su parte. Hace poco murió. Con él perdí la posibilidad de nutrirme con la energía de nuestra juventud, que la recuperábamos al recordar juntos lo que habíamos vivido. Ya no la tengo, pero esa amistad continúa con su maravilloso hijo Daniel.

   No sé, verdaderamente, qué pasó anoche. Pero esta mañana me desperté y tenía en la memoria el texto escrito con puntos y comas. Lo que está en estas páginas, es el texto exacto que vino con el sueño. 


JOSE BULLAUDE

Wednesday, December 18, 2013